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Vamos a tener un bebé! ¿Broche de oro o semilla de la discordia?


 

Muchas parejas deciden tener un hijo como expresión del compromiso del vínculo que han establecido, como fruto del amor que los une, aunque también ocurre que en muchos casos el embarazo los sorprende en el camino de compartir intensidades diversas.

Ya sea que la llegada de un hijo sea algo planificado o tenga un matiz más azaroso, lo cierto es que los miembros de la pareja, en general, ponen toda la atención en el bebé que va a llegar y son sorprendidos por los cambios, como por la profunda metamorfosis personal, que este hecho desencadena en ellos.

Sin ánimo de desalentar a nadie, pero con el deseo de aportar a que esta crisis evolutiva propia de la vida sea una instancia de crecimiento, enriquecimiento personal y fuente de armonía y felicidad me parece oportuno plantear un ALERTA.
Me mueve a ello la abrumadora cifra de las estadísticas sobre separaciones y crisis de parejas posteriores al primer hijo como su incremento ante la llegada del segundo.

Pero más específicamente me conmueven las historias de los varones y las mujeres que llegan dolidos a la consulta con una gran carga de frustración en la medida que aquello que suponían era el sumun de la felicidad devino en la entrada al infierno.

Cualquier viaje puede ser maravilloso si tomamos los recaudos necesarios y llevamos los elementos adecuados de acuerdo al clima y las actividades que vayamos a querer desplegar.

También puede tornarse un calvario si no tomamos las precauciones del caso: ya sea vacunarnos, llevar abrigo, calzado adecuado, protector solar,……

El viaje que se inicia cuando descubrimos que estamos embarazados no solo requiere de cochecito, mamaderas y pañales para el bebé.

Tanto la mujer como el varón que en este proceso van deviniendo en Mamá y Papá también tienen necesidades específicas y requieren de aportes de su contexto que los acompañen en ese proceso de metamorfosis en el que se irán apropiando de aspectos de la función paterna y la función materna.

En épocas donde imperaba el modelo patriarcal el varón debía ocuparse de ser el proveedor de la familia y de todo lo relacionado con el mundo exterior mientras la mujer tenía la responsabilidad de la casa, los hijos y el cuidado de su marido. Estaba claro que el embarazo le sucedía a la mujer que realizaba su “instinto maternal” como lo reflejaba el modelo de “Susanita” en la magnífica obra de Quino: Mafalda.

El foco estaba puesto en lo que a ella le pasaba, su cuidado y la atención de todas sus necesidades, incluyendo los “antojos” que lo tenía como responsable último al proveedor: el varón.

Hoy que ensayamos una vincularidad basada en la igualdad de oportunidades tanto para varones como para mujeres en el marco de la aceptación de la diversidad se pone mucho más en evidencia que el embarazo es el inicio de un proceso donde claramente comienzan cuatro gestaciones: el papá, la mamá, el bebé y la familia que se sostienen en la pareja que les dió origen.

Justamente es el cuidado de esa diada: la pareja y de cada uno de sus miembros lo que quiero recalcar.

Cuando la pareja se desdibuja y queda subsumida o ahogada en el devenir del embarazo, pasa a correr el riesgo de asumir altos costos, los que a cualquier estructura le genera perder su punto de apoyo.

Sin duda en las épocas que imperaba el modelo patriarcal los varones eran ignorados en sus necesidades durante el proceso lo que también signaba la paternidad como un vínculo distante y donde lo esencial era el ejercicio de la autoridad evitando la expresión del cariño y los afectos.

Una frase propia de esa época era el famoso: “ya van a ver cuando llegue su padre” que contribuía a reforzar esa particular distribución de roles.

Hoy en día la inclusión del varón en el proceso del embarazo va en crecimiento muestra de lo cual es la expresión “varones embarazados”.

Si bien su presencia en las entrevistas y también en el parto comenzó más desde la perspectiva de sostener a la mujer que la de vivir un camino compartido, cada vez hay mayor conciencia de que es un proceso de ambos y que es necesario considerar tanto lo que ocurre en unos como en otras.

Pasar a hacerse cargo del cuidado, la atención y la satisfacción de las necesidades de un ser humano absolutamente desvalido como es un bebé, implica sin duda asumir cierto nivel de responsabilidad mayor ante la vida que ocuparse de uno mismo y compartir con otro.

Esta responsabilidad se expresa en cada persona de diferentes maneras, hay quienes cambian el estilo de manejar y se tornan muy cuidadosos, hay quienes dejan de ser arriesgados u osados en sus elecciones laborales y buscan algo estable, suele hacerse perentorio contar con el “techo propio”, etc.

De mil maneras se pone en evidencia que las cosas han cambiado pero ese cambio cada miembro de la pareja lo metaboliza distinto.

Están las mujeres que dicen:” ahora me dedico a esto y que el me mantenga”, como aquellas que reivindican su derecho a seguir desarrollando su proyecto laboral, profesional, personal, artístico, etc. a pesar de que él la inste a abocarse exclusivamente al embarazo, el hecho es que a cada uno le cae la ficha de manera distinta y a veces hasta sorprendente para sí mismo.

Entonces dos que creen conocerse, al menos un poco, sin darse cuenta entran en una dimensión que potencia el despliegue de aspectos latentes, dormidos, que ahora afloran con una contundencia imaginable.

Esto genera que en este momento los miembros de la pareja suelen sentirse raros ante sí mismos pero también ante el otro.

Necesitan reconocerse a sí mismos, aceptarse y también descubrir al otro.

En parejas acostumbradas al diálogo y el compartir lo que les va pasando emocionalmente, esto suele ser un proceso más fácil y enriquecedor, aunque conmueve profundamente.

Quienes viven en un mundo de acción y alta velocidad tienden a desconcertarse y sentirse confusos cuando no encuentran al otro en el lugar donde lo esperaban habitualmente y ni siquiera se perciben a sí mismos en los territorios que suponían habitar.

Así es que se sorprenden negativamente tanto con los cambios del otro como con los propios y aparece la susceptibilidad, la disputa, la pelea, la incomprensión.

Aquí que es fundamental el apoyo que puede brindar intercambiar con otras parejas que estén pasando por situaciones vitales similares como manera de ir abriéndose al diálogo tanto con el otro como consigo mismo. También el aporte profesional en lo que llamamos el acompañamiento de la pareja embarazada así como el trabajo que cada uno haga con sigo mismo abrira la posibilidad de que este momento se instituya en una crisis de crecimiento.

Hoy en día considero que es imperiosa la necesidad de un acompañamiento tanto del varón como de la mujer en este proceso que facilite la llegada del bebé a un ámbito de armonía en vez de un campo de tensión, incomprensión y dolor.

Es en un contexto armónico, que no desconoce la existencia de tensiones ni conflictos pero que genera maneras de afrontarlos creativamente y con espontaneidad, donde la llegada de un hijo será el inicio de un proceso de crecimiento, maduración y felicidad para todos los miembros de la familia que incluye la consolidación de la pareja.

Durante los meses de la gestación se van observando diversas transformaciones en el estado de ánimo como en el cuerpo de la mujer. Algunas son evidentes y son fácil de observar, otras son más sutiles y adquieren un carácter particular en cada una. Estas diferentes formas de sentir y percibir estas circunstancias harán que algunas manifiesten que es la mejor época de su vida como otras pueden expresar todo lo contrario.

Si bien se le presta menos atención, hoy hay estudios que dan cuenta que en los varones también se ponen de manifiesto notables cambios tanto en el estado de ánimo como en su cuerpo donde suelen aparecer repercusiones diversas. Tengamos presente que para el varón la expresión de las emociones no forma parte del repertorio facilitado por los modelos hegemónicos hasta no hace muchos años.

Sin duda es algo menos sencillo respecto de lo que suele ocurrirle a la mujer al respecto.

Están los que engordan a la par o por delante del crecimiento de la panza de la pareja. Hay quienes comienzan con alopecia – caída del cabello – , gastritis, dificultades en el sueño, contracturas musculares, accidentes, etc.

En esta situación, a ambos les están pasando cosas distintas ante un mismo proceso que están compartiendo.

Lo esencial es que ambos puedan aceptar que es legítimo que al otro le pasen cosas distintas y que en parte pueden apoyarse mutuamente, en parte cada uno se tendrá que hacer cargo de sí mismo y también que ambos pueden pedir ayuda.

Compartir y apoyarse en amigos, familiares y seres queridos que estén dispuestos a bancar sin incrementar el nivel de ansiedad es maravilloso.

Otra aspecto relevante en este momento de la vida para un varón, es tener en cuenta que esta cruzando una frontera. Pasa al bando de los padres y allí cada uno de nosotros se encuentra con PAPÁ, nuestro Papá, pero en una cancha que nunca habíamos pisado juntos, si bien venimos a anunciarle que el va a ser abuelo.+++

Sin dudarlo la mujer hace un camino similar con su Mamá que en estas épocas tal vez esté en el despliegue de sus proyectos vitales y no necesariamente la acompañe como era común en la usanza de antaño.

En los grupos de varones la posibilidad de expresar las emociones, visualizar los conflictos a partir de las escenas y el poder compartir con los otros genera un clima de distensión y comprensión que habilita tratar todos estos temas con naturalidad.

Sintonizar con quien plantea una situación es un ejercicio de empatía que habilita comentar lo propio abriéndose al compartir, al dar y recibir.

Al traer cada uno sus temas y sus perspectivas ante los problemas, los mismos pasan a ser de todos y se habilita mirar todas las situaciones desde otros ángulos posibilitando que cada uno mejore su posición en la cancha de la vida.

En esta etapa tanto varones como mujeres necesitan ser mimados, ser tenidos en cuenta, recibir cuidados y ser satisfechos en sus gustos.

En la medida que la pareja actúe como equipo, balanceadamente, la posibilidad de crecimiento se potencia para ambos.

En cuanto uno de los dos pretenda tiranizar al otro y ponerlo a su servicio como un esclavo comenzarán los problemas.

Aquí es fundamental aprender a decir que no, ser tolerantes y no acumular rencores innecesarios.

Asumir que ambos están aprendiendo, que es una construcción conjunta, que están habitados por infinidad de paradigmas y mandatos que no necesariamente reconocen, abre al plano de la posibilidad.

Posibilidad de crear una “familia” como resultado de la apuesta conjunta de ambos.

Lic. Guillermo Vilaseca
 

Este artículo fue publicado en la edición aniversario, N°157 de la revista Campo Grupal.

 

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