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Todos los caminos conducen a Roma


Todos los caminos conducen a Roma; los caminos se cruzan; el camino al éxito; decenas de otras frases que hablan de caminos y hacia los lugares maravillosos donde conducen, no eran precisamente el marco de referencia para esos días.

El laburo por distintas razones, entre ellas una situación generalizada, venía para el desastre, se me estaban terminando los últimos mangos, sentí que me estaba quedando sin nada y entonces  los caminos se cerraban.

Tengo un lugar, construido con camaradería durante años, el grupo de hombres.

¿Pero qué pasaba? ¿Podía darme el lujo de encontrarme con mis pares para contarnos; escucharnos; aconsejarnos; criticarnos y decir lo que tanto nos cuesta hablar?

Por ejemplo que pasa, cuando por falta de ingresos queres borrarte de todo, hasta de tus hijos; y empezas a pensar, que mal estan conmigo, si me borro capaz que van a estar mejor.

Ese día fui a despedirme de los muchachos, decidido, sin poder pensar en otra alternativa y se los conté. Lo que decía era que no tenía guita; que no estaba acostumbrado a deber. Lo que escucharon mis compañeros fue otra cosa. Las reacciones fueron diversas, pero ninguno se quedo y acepto mansamente lo que les dije.

Nos conocemos, nos hemos acompañado muchas veces. Lo que más me impactó, fue que me dijeron que si en un momento de malaria como este, donde sentís que varias cosas se desmoronan, te vas de acá. ¿Quién te va a sostener? ¿quién te va a apoyar? El grupo y los compañeros que lo integran, son como una reserva profunda que emerge en los momentos duros y nos da ese apoyo firme; desinteresado; solidario.

Este relato pasó a ser mi paga momentáneamente, hasta revertir la situación. Cuando el coordinador me lo propuso fue un alivio importante, irme hubiese sido un peso. Este relato pasó a ser mi paga momentáneamente, hasta revertir la situación. Cuando el coordinador me lo propuso fue un alivio importante, irme hubiese sido un peso. Pasada una semana de este episodio, pienso en el lugar que para nosotros los hombres, ocupa el hecho de proveer a nuestra familia, sobre todo de dinero.

La falta de laburo y consiguientemente de ingresos, puede que nos induzca a reducir de una manera cruel un montón de hechos de nuestras vidas, minimizando los actos que en definitiva nos van a permitir pensar en proyectarnos de otra manera.

 

Lito Cymerman, Julio del 2000

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